Tuesday, May 30, 2006

Las Protestas de unos Pro-Testas

La Vieja de la Mesa

Una señora común, roba frente a una cámara de televisión, la mesa de un banco que estaba siendo saqueado por la turba enardecida durante el día del trabajo, exactamente hace treinta días.
Qué paradójico.
Qué simple.
Es como el dulce retrato de nuestra cotidianeidad, de la velocidad como la sangre surca nuestras venas chilenas cada vez que sacamos lo propio, lo nacional, lo inverosímil de nuestra idiosincracia como chilenos y chilenas todos y todas, se me devuelven en imágenes de lo que hoy he vuelto a ver por televisión:
Un carabinero fornido, equipado para repeler protestas, persigue a una niña de trece o quince años como si fuera una terrorista, y cual prehistórico, la agarra del pelo y la arrastra para llevarla detenida bajo una lluvia de piedras y patadas y gritos y cuando me acuerdo me indigno más, y todo porque hoy se me ocurre empezar este blog, que se trataría en un principio de mi vida como docente, pero que ahora cambia de rumbo, sin planes ni programas que avalen lo lengua suelta que me voy a poner, para espitar con furia esa amarga sensación que me deja este país cada vez que me río o se ríen, que me hundo o me hunden, que me escapo o se me escapan y me doy cuenta lo salvaje y pendenciera que es nuestra chilenidad.
Los chiquillos hoy se tomaron el colegio. Me sentí orgulloso porque siempre les estoy diciendo que defiendan sus ideas. Pero no me dejaron entrar, ni siquiera se dignaron a darme una explicación hasta que se las pedí. Me enojé por su respuesta y sin saber que los entendería más tarde, decliné mi apoyo y los califiqué de pueriles, de insensatos, en definitiva, de chilenos malcriados. Entonces me di cuenta ¿En qué me he convertido? ¿Qué pasó con mis ideales? ¿Dónde están mis sueños?
Esta noche todos los estudiantes estarán pensando cuál será su futuro mañana. Han hecho una protesta que remeció los cimientos de nuestra sociedad. Se han tomado los colegios, han parado las actividades, han destrozado las calles y nos tienen a todos pensando en lo mal que están las cosas ¿Cuándo quedó la cagada que no me di cuenta? Estaba tan metido en mis asuntos que se me olvidó darme cuenta, que no supe cuándo el sistema terminó por suprimir la ilusión.
En realidad, ahora me he dado cuenta, y creo haber encontrado la raíz de toda la mierda que los chiquillos protestan. Y ahí estaba, a simple vista de todos: La Vieja de la Mesa. Señora: ¡Devuelva la mesa, por favor! Devuélvanos la ilusión, la sensatez, el estímulo. No se robe la mesa ni mienta que era para proteger a su hijo, porque si al otro día se tiño el pelo, era porque algo malo había hecho. Lo más lamentable, lo terrible, lo infumable, es que si esa señora hubiese sido mi mamá, la hubiese perdonado y hasta justificado. ¿Qué está mal en nosotros? Si el paco tirando a la niña del pelo, me perdonase un parte por pasarme un Pare al otro día, sería mi héroe, y guardaría su tarjeta como un escudo ante otros pacos, porque para ellos es quizás también un héroe, que cumplía su mal trabajo. Y si hubiese votado por esa presidenta ausente, la justificaría, y a su ministro si me hubiese hecho clases en la universidad, y al tío del quiosco que manoseaba a los niños, a veces me daba chicles gratis, es mi ídolo, y ese compañero que copiaba en las pruebas ¡Maestro! El profesor que daba clases libres ¡Buena onda! El que come en el supermercado es un osado, y la que hace perro muerto, una chilena típica. Qué mejor apelativo que el de lanza internacional, -chileno-, un eco proveniente de un celular de palo en sus inicios, en una plaga que me suenan hasta cuando estoy en un baño público y pienso que es el mío, pero como no es polifónico, lo descarto de inmediato, el mío apenas suena porque se me fue en un pantalón que lavé. Es mi excusa, pero no es verdad: es ordinario. Como yo , como todos, que nos damos excusas para no reconocer lo que realmente somos. Que apaleamos a nuestros jóvenes, que los obligamos a ser "algo", que basureamos a nuestros mapuches y nos reímos de todo el que sea diferente. Que le sacamos el corazón a la tierra y la vendemos a los chinos para que nos devuelvan una porcelana plástica que adornará mi mesa hasta que se vuelva amarilla.
Hoy, tras las protestas de estos estudiantes desenfadados se me han ocurrido tantas cosas, que de pensarlas hasta casi se me abre la úlcera, o me da la impresión que nuevamente me inyectan quimioterapia (por la náusea constante), se me ha ocurrido que tal vez podría ilustrar diariamente, o una o dos veces por semana, o mensualmente, o cuando se me dé la gana, con una historia este blog naciente, que ya sangra, pero que como chileno, no siente.